La simbología en los collares


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Los collares han existido, como parte de la cultura y la estética humana, desde tiempos remotos. Asociados típicamente a la mujer, los caballeros  regalaban joyas y collares, de diversos tipos de abalorios, a sus mujeres para declararles su amor. A pesar de esto, y si bien se ha utilizado normalmente en mujeres, no es una joya exclusiva del género femenino: en muchas tribus y pueblos indígenas los varones se ataviaban y se adornaban con collares de diversos tipos.  Distintas variedades de abalorios, y distintos formatos según el rango o la posición dentro de las tribus. Incluso, en muchas partes, su uso en el género masculino, tiene un simbolismo honorífico. Las tribus utilizaban collares hechos a partir de abalorios más primitivos: piedrillas, madera, o elementos alternativos como el coco.

En cualquier caso, los collares tienen un simbolismo, que se ha comenzado a estudiar como un mensaje subliminal con impacto psicológico. En Europa los collares, variaban desde gargantillas hasta collares trenzados, según la época y el lugar, y estaban hechos a partir de abalorios más finos, como por ejemplo, distintos tipos de cristalería, o incluso, en la realeza, piedras preciosas. En este caso, los collares eran sinónimo de distinción y poder, y eran utilizadas por las princesas y las reinas de las coronas europeas. La aristocracia, y el amor por la joyería (el cuál ostentaban constantemente) hizo que el collar se convirtiera en un objeto de aspiración, que pocas mujeres podían tener, pero que constituía y recreaba la fantasía romántica de todo el género femenino. Aún más los collares de la Corona estaban hechos a partir de perlas, o abalorios como el oro la plata. Otros, en cambio, eran collares trenzados de piedras preciosas.

Desde entonces, cada vez que un caballero regalaba un collar  o una joya a su amada le estaba declarando su amor de una forma romántica,  que tenía que ver con satisfacer esta aspiración de “ser una princesa”…o al menos eso se creía. Era una forma subliminal de ponerla en comparación con la realeza, con lo más alto del poder y la belleza (recordemos que durante mucho tiempo se creía que la nobleza, y sobre todo el papel del rey tenía que ver con la divinidad, ya que su poder había sido heredado de Dios). Regalar un collar trenzado podría significar que para ese hombre su mujer, novia, o prometida fuera “su reina”.

Sin embargo, hay otros estudiosos de la psicología que se encausan más en una lectura opuesta; el collar se le daba a la mujer como símbolo de manipulación y poder. Según analistas semióticos el collar tiene en si un elemento de dominación y de control, por lo tanto, recibir un collar de parte de un hombre, o regalar un collar a una mujer puede significar en un plano subconsciente, el deseo de controlar a esa persona o de “atarla” a ella. El feminismo hace también esta lectura más arriesgada: ve en el collar un objeto de sometimiento.

En cualquier lectura que se haga, es iegable el hecho de que el collar, en sus versiones como los collares trenzados, de distintos tipos de abalorios, etcétera, ha sido y seguirá siendo un elemento no solo de belleza, sino también una declaración de importancia y  un mecanismo de seducción.

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